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jueves, 28 de agosto de 2014

Inseparables (8)

En un par de días conseguí el alta del hospital aunque tuve que empezar a ir al psiquiatra. El primer día que tuve que ir me cayó muy mal, esque no podía sopotarle, perecía que en vez de ayudarme quería lo contrario, yo sabía lo que quería, comerme el coco para que no pudiera pensar por mi misma, pero no lo coseguiría.
Álvaro llamó para ver que tal había ido la consulta y aproveché para saber si María me había perdonado, por el momento no aunque Álvaro lo estaba intentando. No sé cómo pero me entendía, me estaba entendiendo un chico así que si María se enteraba seguro que podría ayuarme ¿no? También le pregunté que qué pensaba sobre que se lo contara y me dijo que debería esperar.
Pasaron semanas y yo me metí más en mi misma y pase de lo que me rodeaba, salvo de María, al fin y al cabo llevábamos siendo amigas desde infantil, y no podía estropearlo por un simple susto. Pero Álvaro había dicho que yo no podía hacer nada, así que me infiltré en la lectura porque cuando leía un libro podía dejar de ser yo para pasar a ser un personaje de la historia y olvidarme de la horrible persona que era.
Seguí yendo a terapia una vez por semana, y en una de las sesiones, salí muy cabreada de consulta, con un ataque de ansiedad enorme y ni mi madre me apoyaba, así que a la salida empecé a dar puñetazos contra un árbol, hasta que me caí al suelo inmovilizada por el dolor, mientras chillaba lo que pensaba de mi misma.
Me rompí el brazo, así que fue un verano muuy entretenido sin poder escrbir en mi diario.
Un día quedé con Álvaro y para mi sorpresa también vino María y parecía contenta, hablamos de todo, la confesé algunas cosa, cuando de repente me llamó mi padre al móvil cosa que nunca pasaba, colgué pero insistió, así que se lo cogí y me quedé paralizada. Era la peor noticia que podía recibir en esos momentso, mi abuelo se había muerto.
Salí corriendo de la cafetería, y me fui lo más lejos que pude de lo que era la normalidad, desconecté el móvil y cogí el primer tren al único sitio en el que sabría que podría estar protegida. Durante el viaje estuve pensando que no era locorrecto, que primero me tendría que despedir de mi abuelo, pero no podía, no me podía creer que se hubiera ido de verdad. También pensé en mi madre y en Álvaro y María, que los había dejado tirados. En cuanto llegara escribiría una carta para ellos.


(Continuará...)

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