Por fin llegué a Madrid, conseguí sacar dinero de mi cuenta del banco gracias a la tarjeta que meses atrás me habían regalado. Con el móvil llamé a la única persona que sabía que me iba a entender para ir a su casa, cuando me lo cogió me dijo que me iba a buscar en ese instante.
Gonzalo, me sacaba unos cuantos años tenía novia y un hijo, pero yo sabía que él mejor que nadie lo entendería. Cuando llegó con el coche me monté y le conté todo, no sólo los últimos acontecimientos, y él me comprendió, me entendió y me dio su cariño, lo que no tiene precio. Pronto llegamos a su casa y todos me recibieron bien, y al ver que el chiquitín había crecido tanto me volví a echar a llorar. Gonzalo llamó a mi madre la explicó la situación y que pasaría una temporada con ellos. Sí, estaba en deuda con ellos, y no sabía como devolverles todo lo que me habían dado.
Pasaron unos días y llegó un paquete con un poco de ropa para que me apañara y dinero, comenzaría a ir a un psicólogo de Madrid que era muy bueno, aunque las charlas con Gonzalo eran las mejores. La verdad es que no echaba de menos mi ciudad, ni a la gente que había dejado atrás, aunque seguía hablando con Álvaro y María a través del whatsapp pero no siempre. No había hecho amigos allí, pero tampoco me importaba, era verano y me dedicaba a cuidar al pequeño y a ayudar con las labores de la casa.
Un día me desmayé por accidente y Gonzalo, con toda su buena fe tomo la decisión de que internara en un centro especial que había allí en Madrid. Llamé a mi madre para despedirme y no pude hacer más. No quería haber metido en ese aprieto a Gonzalo, pero ya no podía hacer nada, estaba cansada de prometer cosas que no iba a cumplir y quizás esto fuera la solución. Les iba a echar mucho de menos...
Me dedicaba a escribir cartas a María y a Álvaro ya que los echaba de menos pero nunca me lo perdonarían, yo tampoco lo haría.
(Continuará...)
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