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viernes, 22 de agosto de 2014

Inseparables (4)

Mi odio a la comida se fue trasformando en un odio a mi misma en un osio a mi mejor amiga por ser tan envidiable. Cada vez la veía menos, me empecé a encerrar en casa poco a poco y las llamadas simplemente eran para que me contara que tal con su novio, mi mejor amigo, otras persona que sólo veía cuando me llevaba al instituto y con la que cada vez las conversaciones eran más secas.
Ya nunca hablaba de mí, ni de como estaba, ni de las clases. No me preocupaba nada salvo adelgazar, y escogí el método más rápido pero más difícil.
Cuando por fin se terminó la silla de ruedas y pude andar, empecé a salir a correr, iba por ahí con la bici y así siempre que podía mientras los demás se pensaban que era para fortalecer el pie. Un día no sé ni cómo ni por qué, me desmaye mientras corría o eso me supongo dado que no me acordaba de nada. Cuando abrí los ojos mi madre estaba allí, agarrando mi mano. Tenía muchos cables a mi alrededor y una vía con lo que supuse que era suero. Mi madre me dijo que tan sólo habían sido unas horas las que había estado inconsciente pero que se había asustado mucho.
Por lo menos aún no tenían un diagnóstico y yo podía mentir. Empecé a decir a mi madre que había sido una bajada de tensión porque además había dormido poco y la tensión de los exámenes no ayudaba. Cuando pasó el médico, entraron mis mejores amigos, María y Álvaro, de la mano, me dio un pinchazo en el estómago pero me aguante. Me preguntaron que me había pasado pero todavía no estaba preparada para contárselo a nadie y les mentí lo que me hizo sentir culpable...
Después llego mi padre, justo cuando pensaba que ya no podía aparecer, pero como siempre tiene el don de la oportunidad y empezamos a discutir, me desesperé tanto que me dio un ataque de ansiedad y me dormí llorando.


(Continuará...)

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