Estoy sentada en la ventana echando el último piti del día,
me pongo las gafas para ver con precisión las estrellas
y poder tomar la segunda a la derecha.
El frío cala mis huesos cuando me llego por el 1001,
tirando la colilla al suelo
aferrandome a mi sudadera azul y a sus recuerdos.
Entro jugando con el mechero,
pensando en como Forest conseguía tomarse la vida,
tan a pecho y tan a risa a la vez,
queriendo ser parte de mis sueños y no monstruo sin argumento.
Me repito que ya vendrán tiempos mejores...
'o si no los inventamos' responde mi cabeza
sabiendo que mi corazón está incrédulo,
Entra un whatsapp en la pantalla de mi móvil
pero me da miedo mirar, que sea él,
confirmando mis miedos más sospechados:
'mañana no estará aquí',
y corro como no lo he hecho nunca
dejando atrás pasado, presente y futuro,
recorriendo las calles en las que me críe
y lloré pensando que flotaría.
Las piernas me flaquean, ni siquiera distingo un árbol de una farola,
pero ya llego, entró sin parar a preguntar dónde está
y grito al ver que he llegado tarde, que ya ni el mañana tapara esta noche incierta.
Marco el primer número que se me pasa por la cabeza,
y tras el tercer 'bip' una voz adormilada me contesta y grito,
grito que se ha ido y no he podido pararle,
pero él no entiende nada y yo me voy haciendo pequeña con cada lágrima.
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