Encontré tu carta bajo mi almohada,
esa que antes era cómplice
de tu risa, de tus idas y venidas,
comienza aclarando nuestro
poco a poco, y la sístole se me dispara.
El sobre arrugado,
descansa donde antes te sentabas,
como queriendo significar algo,
en la pared sólo observo nuestras fotos,
tu sonrisa a media dentadura
y lo feliz que me hacías.
Escucho tu voz, en cada palabra,
cada sílaba y respiración cortada.
Recuerdo que a veces, hasta me sentía 'guapa'
de lo cabezota que llegabas a ser,
y de tus abrazos sin por qué.
En algún momento, comprendí
que ni por ti ni por mí,
no era momento ni lugar,
y no nos supimos tratar.
Entenderé que no me hables
cuando nos encontremos,
cuando nuestras miradas se crucen
entre la muchedumbre
y ella me delate,
diciendo que aún te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario