Me monto en el tren y la verdad es que no tengo muy claro a donde voy ni por qué, he cogido las cosas necesarias y he venido corriendo, sé que no estoy bien, que esto sólo puede empeñar mis ojos un poco más, pero tampoco puedo vivir con la necesidad. Me he montado ya en el tren cuando estallan todas mis lágrimas, no puedo sostenerme de pie y me siento, cojo una de esas pastillas que siempre llevo a mano y me la tomo. Me duermo nada más pasan a revisar mi billete, y al despertarme estoy envuelta en lágrimas, mino la situación, no ha sido un bien año, ni con los estudios, ni con mi vida porque prácticamente la he tirado a la basura. Sé que sólo he huido sin arreglar nada pero no me siento preparada, últimamente todo era motivo de discusión. Ya tengo el destino, pero nadie sabe que voy. Camino hasta el baño y me miró en el reflejo del espejo, no tengo muy buena cara y al momento empiezo a vomitar, no sé si es porque no me gusta lo que veo o es un simple mareo, pero empiezo a agobiarme. Saco el neceser de la mochila y escogo un caramelo. No quiero tener que enfrentarme sola a todo lo que me espera hora, así que espero a llamar para cuando llegue, mientras tanto sigo dándolo vueltas a todo. Tengo miedo, porque siempre me han gustado las cosas bien hechas y yo ahora estoy arrugando el papel en vez de doblarlo, he abandonado el curso y he pedido un alta voluntaria, todo por lo que he trabajado desde hace años se desvanece en un segundo y llego a mi destino. Sé que no les va a parecer bien, pero ellos siempre me han apoyado y son mi segunda familia, así que doy a la tecla de llamar, me sorprende oír al pequeño y le pido que me pase con papá, con el que enseguida estalló a llorar, me dice que en una hora pasará a buscarme, le doy las gracias y voy a la cafetería. No he comido en todo el día y empieza a pasar factura, espero leyendo un libro que he metido en la mochila... Cuando pasa una hora le veo aparecer y corro a sus brazos buscando el consuelo que solo ellos me dieron un día, han pasado diez años pero sus abrazos no han cambiado nada, de hecho pensar que sigue a mi lado los hace aún mejores. Montamos en el coche sin preguntas hasta llegar a casa, donde soy bien recibida por los pequeños y la madraza, cuando me doy cuenta de que aún no he avisado a nadie de que me he ido, así que les pido que me ayuden en la conversación.
Mi madre no se ha mostrado muy sorprendida, pero si dolida. Cuando cuelgo sé que es la hora de responder sus preguntas, les cuento lo ocurrido y cuando acabo es la hora de bañar al pequeño así que yo me encargo de jugar con el mayor, que me lee su cuento favorito, después vamos a cenar aunque sigo sin apetito, así que tomo un vaso de leche. Hoy me encargo de dormir al peque porque saben que eso me relaja, una vez duerme, bajo a por mi ordenador y empiezo a preparar un currículo para enviar mañana. He vuelto a tener pesadillas pero al menos no he hecho ruido, como lo puedo dormir pongo una película y me acabo durmiendo. Me levanto pronto para preparar el desayuno y llevar a los niños a clase, aunque todavía no hemos hablado de que voy a hacer. Cuando terminamos les pido el coche y según les dejo aprovecho para ir a comprar e imprimir el currículo.
He dejado muchas cosas, son pensar en las consecuencias, aunque he llamado a mi madre aún queda otra llamada que no va a ser bien recibida, así que de momento diré que he venido a pasar unos días. Hablar con él me ayuda, aunque no lo entiende, y lo comprendo por ello, pero necesito su apoyo, hemos pasado tantos baches juntos que a veces pienso que podemos con todo, aunque tengamos que pelear para ello. Tras colgar, bajo del coche la compra y la dejo en el frigorífico, pongo una lavadora ya que necesito estar distraída.
Att:
El monstruo de debajo de tu cama
Mi lista de blogs
martes, 9 de febrero de 2016
Huida;
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario