Quien me iba a decir a mií que después de escuchar esa frase varias veces, solo por una me he dado cuenta de que de verdad era mejor, es mejor porque ahora sé que eres feliz, no sé dónde, ni con quién, sólo sé que una persona tan buena como tú es lo que se merece. Gracias por haberme dedicado tantos ratos, tantas risas, y haber aguantado mis llantos. ¿Sabes? No eres la típica persona que esperas encontrarte en la vida y que dé un giro inesperado pero tú lo hiciste, supiste apreciar lo que nadie quería en un momento en el que lo había mandado todo a la mierda, era frágil, sí, pero mi habilidad era romperme contra los demás y hacerlos daño, gracias por sacarme de ese fondo. Dijiste sin palabras, lo que nadie más me hizo entender 'para, respira, piensatelo, ¿merece la pena?', era mirada lo que nos bastaba para ser complices de una y mil aventuras, porque cada momento contigo era único, y si sirve de algo, siento haberte hecho malgastar el tiempo. Me has abrazado por la noche calmando todos mis miedos y mis pesadillas, y hasta que no me volvía a dormir no te quedabas tranquila. Me levantaba antes que tú y joder, era increíble lo que me gustaba estar así, sin que te dieses cuenta, cuando derepente me daba por saltar encima para despertarte, ya sabes no me podía perder mi serie favorita, lo extraño es que ahora me duele verla. Sigo llevando tu pulsera en mi brazo, la que ha viEs lo mejor para los dos, dentro de un tiempo lo entenderás.
sto nuestras batallas, las telefónicas también, pero también ha visto las sonrisas y los abrazos merecidos, las ganas de volverte a decir hola. Las ganas que se quedaron por el camino. Creo que lo mejor de ver pelis contigo era que nos turnábamos porque cada uno se quedaba dormido en una, porque nos pasábamos la noche jugando a juegos que tenía en la estantería de cuando era pequeña, de edad digo, porque ya sabes que la estatura nunca fue lo mío. Me encantaba cuando me llevas a caballito, y te juro que me sentía como Don Quijote, o cuando me cogías como una princesa, y ¡madre mía! pensaba que me caía, que siempre fuimos de tomarnos las cosas más a broma que en serio, y no me extraña porque con tal de ver esa sonrisa. Lo que lamento fue aquella vez que no dije adiós porque nunca he sido de despedidas, y esa vez te fuiste de verdad... No sé ni yo qué pretendo con esto, porque no creo ni que lo leas, pero gracias por ser el complice de los sueños secretos.
Atentamente:
El monstruo de debajo de tu cama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario