Lo medimos todo en tiempo, sin darnos cuenta que lo que importan son los momentos, las miradas, las pausas a destiempo, las sonrisas detrás de las que nos escondemos, los compases bailados, las melodías recitadas y las carcajadas sonoras. Hasta esas arrugas que se forman en la frente, no por el paso de los años, sino por el paso de las risas.
Real el vuelo de los pájaros cuando llega el cambio de estación y deciden migrar, como migramos nosotros de un lugar a otro, siempre mochila al hombro y ganas puestas en forma de sonrisa. Reales las ganas de encontrarnos para comernos a miradas, dando paso a los besos inmersos en un viaje que no quieren que termine jamás.
'Siempre volveríamos al lugar donde fuimos felices', y es que tus brazos siempre fueron el lugar perfecto en los días grises, pero aún más en esos días en los que me entran ganas de perderme. Cálidos en invierno, tiernos en primavera, refugio en verano y dulces en otoño. Sonreí a tu pecho tantas veces, otras tantas plañí sobre él.
'Vuelve a casa vuelve, vuelve a tu hogar.' Vuelve a los compases binarios, a los cada tres por cuatro, a pasar las tardes de cervezas, a las risas a medias, a las cosquillas para que se vuelvan enteras, a los amigos de siempre, a las ganas de perderse y al 'déjate ayudar' para poder encontrarte. Vuelve a abrir la puerta, aún sabiendo que te volveremos a ver partir.
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