He abierto la puerta,
sin la previa ojeada
que echo por la ventana.
No oí el viento
que avisaba
de aquel chico
[huracán].
Tampoco eché la vista
[pa'trás]
hasta que mis piernas
empezaron a temblar.
Avance decidida,
temerosa,
a paso ligero.
Levanté la vista
y allí estabas
como quién aparece
[por arte de magia],
sin necesitar ni un sólo truco.
Tu abrazo
rompió mi muro
[interno],
un solo asalto
que hiciste imperceptible
[en tu mirada].
Sin usar armas
sino amor,
cambiaste la apariencia
por dolor.
Adiós a la cordura
cuando la mejor cura
son los besos
reflejados en versos
que reclaman sentirse
[en bocas].
Que las palabras
nunca lleguen tarde
cuando tararee
[mis sentimientos]
a tu oído
mientras me desnudas
por fuera
[también].
Ojalá
este (chico) huracán
frenase
al empezar a bailar
mientras acaricio su pelo.
Quizás después
eche de menos
todas las vueltas
que me llevaste a dar
[por encima de ti,
chico huracán]
imaginando que podíamos volar.
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