Maduraste igual que Peter Pan
dándose cuenta de que la que estaría
siempre sería Campanilla
[y no Wendy].
Echaste de menos
sin implicar que volviese
[él]
a poner tu vida patas arriba.
Sonreíste
como lo hace
aquel loco
[cobarde].
Bailaste en cada estación,
montaste en el tren
y subiste al autobús
[huyendo].
Cerraste bares
para cambiar las barras
por lunares
[de su espalda]
Perdonas fácil,
olvidas díficil
si hay daños
[con los años].
Quieres a ciegas
incapaz de ver
lo que te advierten
[mientras otros se divierten].
El sonido de tu risa,
el gesto de tu boca,
más fugaz que aquella lluvia
[de estrellas].
Comerte con la mirada,
la vida y lo besos
que no nos dimos
[a tiempo].
Que seas,
aunque a veces no estés
a tan pocos kilómetros
[como te gustaría].
Abrazarte un par (de cientos) de veces
[más],
y buscarnos como peces
[en el mar].
Besaste bocas
que no sintieron nada,
mientras acariciaban
tu espalda
[con una bala].
Ni sapos ni culebras
pero tampoco princesas,
de esas que no cesan
[en los cuentos].
Dar sin recibir,
follar y fallar,
querer sin sentir,
no querer olvidar
que vives para morir
[por ti].
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