Confuso, como aquella tarde de otoño en la que entraste por la puerta de su casa para poner su vida patas arriba. A ella le brillaban los ojos al ver su reflejo en ese cielo que tienes por ojos, a ti te brillaba la sonrisa cada vez que se acercaba a besarte. Sentía mariposas, nada más oír tu nombre, aunque ni siquiera fuese el tuyo como tal; cuando te encontraba doblando la esquina o tu nombre aparecía en su pantalla.
Confuso, como todo aquello que no os dijistéis por miedo y vergüenza, asumiendo la pérdida antes de arriesgar. Escuchaba a Ed, Izal y los demás; y parecían canciones echas para nosotros. A ella le faltó valor y a ti te faltaron las ganas, de frenar a ese pequeño torbellino de metro sesenta dispuesto a casi cualquier cosa.
Confuso, como aquella noche que te escribió el último mensaje. Aquella noche que decidió que si tú no, ella tampoco. Sus ojos llenos de lluvia desprendían esos sentimientos que había estado callando, dejando de callar bajo la lluvia para poder ver el arcoiris en algún momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario