La gente va atropellada, y cuando yo termino de cruzar veo que alguien
se abalanza hacia mi dirección, me aparto. Ya no sé si es prisa por no
perder el bus. O porque quizás tengamos demasiada prisa en encontrar a
quién nos complementa.
El problema es que con tanta prisa nos perdemos cosas que a corto plazo pueden parecer insignificantes pero a largo plazo podían haber sido un mundo, nuestro mundo. Nos centramos tanto en encontrar ciertos parámetros, que no vemos más allá de ellos como si algo fuera de ellos nos cegase.
Pero analicemos la prisa, tanta prisa para qué si no es lo correcto pero es el miedo el que se esconde detrás de aquella prisa que todos tenemos muchas veces. Miedo a que con el tiempo nos den la espalda, a la soledad y los lamentos, a los inviernos fríos con tan sólo una manta en el sofá y un vaso lleno de recuerdos.
Quizás si no llevo tanta prisa pierda ese bus, o ese tren, pero igual es que necesitaba perderlo para darme cuenta de algo, de mis miedos. Puede que lo que busco esté en el bus siguiente, o quizá en los que cogeré a lo largo de los próximos diez años y tres días. Tal vez así encontremos lo correcto en lo que llamamos equivocado tras dejar de creer en las obsoletas ideas que alborotan nuestra mente.
El problema es que con tanta prisa nos perdemos cosas que a corto plazo pueden parecer insignificantes pero a largo plazo podían haber sido un mundo, nuestro mundo. Nos centramos tanto en encontrar ciertos parámetros, que no vemos más allá de ellos como si algo fuera de ellos nos cegase.
Pero analicemos la prisa, tanta prisa para qué si no es lo correcto pero es el miedo el que se esconde detrás de aquella prisa que todos tenemos muchas veces. Miedo a que con el tiempo nos den la espalda, a la soledad y los lamentos, a los inviernos fríos con tan sólo una manta en el sofá y un vaso lleno de recuerdos.
Quizás si no llevo tanta prisa pierda ese bus, o ese tren, pero igual es que necesitaba perderlo para darme cuenta de algo, de mis miedos. Puede que lo que busco esté en el bus siguiente, o quizá en los que cogeré a lo largo de los próximos diez años y tres días. Tal vez así encontremos lo correcto en lo que llamamos equivocado tras dejar de creer en las obsoletas ideas que alborotan nuestra mente.
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