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martes, 15 de septiembre de 2015

Te recuerdo a cada paso.

Eres tú quien me enseño a hacer poesía por las calles que ahora debo recorrer todos los días, quien me enseño aquel lugar donde siempre encontraría paz. Quizá lo bueno no fue conocerte si no todo lo que me enseñaste. De ti aprendí que debo ver el vaso medio lleno más a menudo y no medio vacío, que las calles son más bonitas cuando alguien te coge de la mano y te da un millón de besos. Los recuerdos no se pueden borrar, se aferran a la persona a cal y canto, llorar era menos doloroso cuando tenía tu hombro para llorar, reír era más satisfactorio porque sabía que al menos sonreirías conmigo. Que la mirada de alguien podía expresar más sentimientos que las palabras, que las cosquillas aguantadas tendrían un premio al final.
Encontré ese lugar que pensé que nadie me descubriría, pero es que por fin me estaba dejando llevar. Tuve que recorrer las mismas calles mil veces contigo, pero siempre tenían algo nuevo, una discusión, una broma nueva, un chiste peor, un motivo por el que seguir intentándolo. Lo que más me gusto de estar contigo, aparte de conocerte, fue encontrar el lugar en que siempre había paz entre nosotros, y que el llanto no podía ganar la partida.
Ahora me toca caminar sola por esos mismos lugares, y realmente da miedo, es como si las calles se hubiesen vuelto más anchas y largas sin ti, llegar a destino es más costoso, ver la vida del color de rosas es imposible porque no tengo nadie que sea mi compañero de viaje, y eso es lo que yo buscaba, alguien con quien compartir los momentos más importantes de mi vida. Cojo el móvil con menos ganas desde que sé que ninguno de los mensajes que pueda haber será tuyo.
Lo bonito de encontrarte fue que se iluminó cada rincón, que aprendí mil cosas, y ahora que pienso que estoy vuelvo a aprenderlo te vuelves a marchar y vuelta a la rutina sin más.

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